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Sinestesia: ¿suerte o desgracia?

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Confieso que siempre he deseado ser sinestésico (de los que ven colores al oir sonidos), pero la verdad es que ver chisporrotear un montón de colores en tu mente cuando escuchas música puede ser tanto un espectáculo interno inolvidable como una absoluta maldición, porque… ¿quién te garantiza que asocias los colores correctos?.

Y es que, igual que para la percepción auditiva hay leyes armónicas (al menos en la música occidental) que definen las alturas permitidas en las notas de cada acorde o de cada arpegio, existen para la percepción visual leyes neurológicas equivalentes que relacionan la influencia que tienen unos colores sobre otros (la famosa “teoría del color” es un ejemplo).

El resultado de violar estas normas -digamos, naturales- es percibido, por lo general, como algo discordante, algo que “no encaja”. Evidentemente es posible rechazarlas conscientemente al crear una obra de arte (gran parte de la historia del arte del siglo XX va por ahí, tanto en la música como en la pintura), pero no es posible ignorarlas, porque tienen que ver con cómo el cerebro interpreta y decodifica las señales que le llegan de los sentidos, y eso nos viene “de serie“: un acorde armónico parece cantado por un coro de arcángeles y otro suena como si le hubieras pisado la cola al gato; una paleta de colores “encaja” y otra hace que te sangren los ojos. Es así, qué le vamos a hacer.

Kandinsky. Boceto para la Composición VII, 1913

Kandinsky. Boceto para la Composición VII, 1913

Y en este punto está el quid de la cuestión a la que quiero llegar. Hay personas sinestésicas que asocian un determinado color a una determinada nota; pero, por lo que sé, no deciden qué color ven, sino que sienten uno más o menos al azar. Es decir, Sinestésico Pérez ve un rosa fucsia cuando escucha un Do-Sostenido, mientras que Sinestésica Rodríguez ve un amarillo ocre ante esa misma nota. Depende del cable que se te haya cruzado cuando fuiste creciendo en el útero materno, tu “lienzo interno” al escuchar la Quinta de Mahler puede ser como una composición de Kandinsky -famoso sinestésico, por cierto-… o como el “Ecce Homo” después de la restauración de aquella pobre señora ;-) .

En definitiva, por pura probabilidad parece complicado que una preciosa melodía, perfectamente canónica desde el punto de vista armónico, genere a un sinestésico sensaciones visuales igualmente equilibradas y bellas. Lo que nos lleva a concluir que es posible que la experiencia conjunta pueda no ser tan emocionante (incluso llegar a ser disruptiva) como la simple escucha de un tío normal no-sinestésico. Es una conclusión consoladora si te carcome la envidia con este tema, como a mí ;-) .

Si hay por ahí algún auténtico sinestésico que me quiera contar su experiencia, o darme una colleja por tanta tontería junta, que se manifieste en los comentarios, por favor.

Más información

Como siempre, en internet hay infinidad de recursos a consultar sobre este tema. En YouTube hay bastantes vídeos al respecto, pero he encontrado este, corto y muy ilustrativo, con muchas entrevistas a casos reales:

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